Si hay algo que nos gusta en Restaurante Abanico Estepona es veros llegar con esa cara de felicidad que se os queda después de perderos por nuestras calles. Y es que, seamos sinceros, las calles de nuestro pueblo tienen un único peligro: ¡sabes cuándo entras, pero no cuándo sales! Que si una foto a esa fachada llena de macetas colgadas, que si el olor a azahar que te asalta en cualquier esquina… Estepona enamora, y de eso no hay duda.
Pero hoy no queremos hablaros de las avenidas grandes ni de las guías turísticas de siempre. Hoy os queremos llevar de la mano, como cuando viene un primo de fuera a visitarnos, por nuestras plazas favoritas y esos rincones secretos que hacen que este rincón del sur sea único. ¡Comenzamos!
El latido de la Plaza de las Flores
Es imposible empezar por otro sitio. La Plaza de las Flores es el corazón del pueblo, nuestro punto de encuentro. Si te sientas en uno de sus bancos un día de sol, rodeado del murmullo de la fuente y el estallido de colores de los jardines, desconectas del mundo en tres segundos. Es el lugar perfecto para ver la vida pasar, saludar al vecino y respirar hondo. Eso sí, id con la batería del móvil bien cargada, porque es inevitable sacar la cámara cada dos pasos.
El rincón del tiempo: La Plaza del Reloj
Un poquito más escondida, pero con una solera que se respira en el aire, está la Plaza del Reloj. Coronada por su torre del siglo XVI, esta plaza tiene algo mágico. Es como un remanso de paz donde parece que las prisas están completamente prohibidas. Un rincón ideal para pasear sin rumbo, dejar que los niños correteen un rato y disfrutar de la sombra y el encanto andaluz más puro.
Esquinas con arte (y "secreto de sumario")
Pero lo mejor de Estepona no siempre tiene nombre de plaza. El verdadero juego está en dejarse llevar por los callejones peatonales. Esas callejuelas donde, de repente, doblas una esquina y te encuentras con un poema pintado en la pared, un mural gigante que te deja con la boca abierta, o un vecino regando los geranios que te da las buenas tardes con la mejor de sus sonrisas. Ese es nuestro verdadero tesoro: la cercanía y el arte de nuestra gente.
El broche de oro: El refugio del caminante
Después de tanto subir, bajar, esquivar rincones y llenar la galería del teléfono con fotos espectaculares, pasa lo que tiene que pasar: el estómago empieza a reclamar su protagonismo. Y ahí es donde entramos nosotros.
Cruzar la puerta del Restaurante Abanico tras un buen paseo es como llegar al patio de tu casa. Nos encanta recibiros, escuchar de qué rincón vienes y poneros por delante una caña bien tirada, un vino de la tierra y, por supuesto, nuestro famoso "Vacío de ternera a la parrilla" para recuperar fuerzas. Porque en Estepona se pasea con los ojos, pero se disfruta con el paladar.
¿Te vienes a callejear con nosotros? La ruta la pones tú; del descanso y el buen comer, nos encargamos nosotros con todo el duende del mundo.